Liraglutida

Más de 124 millones de niños y adolescentes tienen obesidad en el mundo. Se calcula que hasta el 90% de los adolescentes con obesidad posee altas probabilidades de perpetuar su enfermedad en la adultez, con mayor riesgo de desarrollar antes de tiempo complicaciones asociadas al exceso de peso, tales como enfermedades cardiovasculares o diabetes tipo 2. 

Se ha regularizado en varios países la liraglutida, un medicamento que estaba autorizado para el uso en adultos desde 2018. La liraglutida es un análogo del péptido-1 similar al glucagón. Tiene un 97% de similitud con el GLP-1 humano, que es una hormona que el organismo produce y libera en el intestino ante la ingesta de alimentos, y que actúa sobre los receptores del cerebro que controlan el apetito y la saciedad. 

La regularización indica que esta es apta para el descenso de peso en personas a partir de los 12 años de edad con obesidad. Está respaldada por la evidencia que exhibió un estudio de The New England Journal of Medicine. Este estudio midió el efecto de liraglutida en 251 adolescentes de entre 12 y 17 años durante 56 semanas. Este tratamiento fue acompañado por 12 semanas de terapia sobre hábitos de vida y trastornos alimenticios. 

Los resultados demostraron beneficios significativos en la reducción del IMC en quiénes hicieron uso del medicamento. Hubo mejora en el promedio de peso corporal así como otros parámetros de salud ligados a bajar de peso. El nivel alcanzado fue consistente con lo visto en los estudios previos realizados en adultos. 

Estos estudios incluyeron educación nutricional, así como también entrenamiento físico orientado a la pérdida de peso. En su finalización hubo 26 semanas de seguimiento que tuvo como objetivo principal, evaluar cambios en el índice de desvío estándar del IMC (índice de masa corporal) a la semana 56. 

Se llegó a detectar efectos secundarios adversos, como reacciones gastrointestinales, incluyendo náuseas, vómitos y diarrea. Sin embargo fue en un número reducido de pacientes. 

La doctora Miriam Tonietti, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición, resaltó: 

“La administración de este análogo del GLP-1, que se administra en forma inyectable mediante una lapicera pre llenada, mimetiza el mecanismo natural que se produce en el cuerpo humano, promoviendo más saciedad y control del apetito, lo que resulta en una menor ingesta de alimentos y la consecuente pérdida de peso”. 

Los profesionales de la salud incluidos en este proyecto pidieron que este medicamento sea solo un medio para poder promover cambios de estilo de vida, sin presionar, pero sin abandonar. Aconsejan que es importante que se acompañe a los adolescentes, sin controlar, ni prohibir. El paciente debe sentirse escuchado y respetado, más allá de la balanza. 

En los últimos 20 años, la prevalencia global de obesidad en niños y adolescentes se duplicó pasando de 1 en 10 a 1 en 5. 

Maritchu Seitún, psicóloga especializada en crianza, describió que: 

“Los adolescentes son altamente sensibles a la opinión de sus pares y su necesidad de pertenecer al grupo puede llevarlos a expresar comentarios críticos y hostigar al diferente que está ‘a la intemperie,’ fuera del grupo y muchas veces la obesidad es objetivo de esas burlas o bullying. Esto se da en una cultura muy atenta a la imagen, tendiente a idealizar rasgos externos, como belleza, delgadez, estatura, muchos amigos o éxitos deportivos, y que fuerza a los adolescentes a exponerse en múltiples redes que multiplican ese ‘ser vistos’ y evaluados por otros” 

Este medicamento presenta un rayo de esperanza para la salud a futuro. Tanto como de niños, adolescentes y adultos.